La política satelital del país requiere una reestructura pues, actualmente, México depende de proveedores privados y de otros países, indicó la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT).
“El problema identificado es la pérdida de rectoría del Estado en materia de adquisiciones tecnológicas, debido a una dependencia estructural de proveedores privados y extranjeros, lo que ha restringido su capacidad para planear, coordinar y garantizar soluciones tecnológicas con criterios específicos de interés público”, indica el programa sectorial de la ATDT.
Según el organismo, esta situación ha dado lugar a compras fragmentadas, costosas y poco interoperables que comprometen la eficiencia del gasto y la continuidad de los servicios digitales.
Como parte de la estrategia, se busca renovar y fortalecer las capacidades satelitales nacionales mediante el despliegue de un nuevo satélite de telecomunicaciones, ampliar su uso, así como garantizar su sostenibilidad operativa, frente a la necesidad de renovación dado el término de la vida útil del satélite Bicentenario.
También se lanzará una constelación de satélites de observación de la Tierra para el monitoreo, análisis y respuesta ante fenómenos naturales, agrícolas, de seguridad, entre otras.
La Agencia fue consultada sobre el tema pero no emitió comentarios.
“Es deseable que la política satelital busque que el país use y desarrolle la tecnología espacial de forma soberana, segura, sostenible y con beneficios sociales y económicos, sin embargo, prescindir en este momento de proveedores privados y
extranjeros no es el camino a seguir”, destaca Valeria B. Ramos Barba, consultora de Política Espacial.
Para la experta, es necesario que el gobierno regule el sector satelital para asegurar, como hasta ahora, la reserva de capacidad satelital para el Estado.
“La realidad es que no se podría prescindir de concesionarios privados y extranjeros porque en nuestro país no se cuenta con las capacidades públicas y privadas nacionales para explotar en su totalidad los recursos orbitales para la prestación de servicios en el territorio nacional, de lo contrario se corre el riesgo de perder las
concesiones orbitales que otorga la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) al Estado Mexicano”.
Etzel Salinas, asociado Senior de Hogan Lovells México, coincidió en que en el sector satelital deben confluir tanto inversiones nacionales como inversiones extranjeras.
“Debe haber una convergencia en ambos temas, tanto por la parte nacional como internacional, para aprovechar todas las tecnologías y sobre todo que México sea la base, o sea una de las sedes donde diferentes operadores quieran probar nuevas tecnologías”.
Cobertura social
Mexsat debe ser el sistema que ofrezca cobertura social por lo que es necesario asegurar que cuente con capacidad satelital suficiente, además de la capacidad requerida a los concesionarios extranjeros, señala Ramos Barba.
“Para lograr esto, es fundamental que la política satelital incluya explícitamente el fortalecimiento de la capacidad soberana y tecnológica para proveer de estos servicios a la población, mediante la inversión en desarrollo tecnológico propio más allá de la operación de satélites y terminales satelitales”.
Por otra parte, la experta dijo que la política satelital debe promover y asegurar competencia leal en términos de servicios satelitales y recursos orbitales.
“Tanto de operadores públicos como privados, conforme a los principios de legalidad y responsabilidad”, destaca.
Y asegurando que los servicios sean proporcionados a los usuarios finales en territorio nacional de manera eficiente y con costos accesibles a cada tipo de usuario.
Experiencia internacional
Para lograr una mayor cobertura, diferentes países han implementado tecnologías que permiten llevar conectividad a zonas alejadas.
“En Sudáfrica con el regulador Icasa (Independent Communications Authority of South Africa) hicieron las primeras pruebas de Direct to Device y la pregunta es, por ejemplo, ¿por qué eso no está pasando en México?”, cuestiona Salinas.
Por otra parte, para sustituir al satélite Bicentenario que fue lanzado en 2012 con una vida útil de 15 años, pueden evaluarse los objetivos y finalidades del mismo, dijo el socio de Hogan Lovells México.
“Hay muchos países que están interesados en lanzar una constelación satelital que tal vez no sea un un satélite geoestacionario como el que conocemos, que se tarda varios años en fabricar, como tres años, y que que requiere también un riesgo muy alto, sobre todo cuando se va el momento de lanzar en el cohete y que requiere una planificación a largo plazo”.
Meta compleja
El programa sectorial de la ATDT menciona que, actualmente, hay 586 MHz asignados de la capacidad satelital propia y para 2030 se espera alcanzar los 864 MHz.
Ramos Barba indica que se trata de una meta ambiciosa y complicada de lograr sin recurrir a la concesión de recursos orbitales de particulares nacionales y extranjeros que puedan ocupar posiciones orbitales actualmente asignadas al Estado Mexicano, así como nuevas posiciones que puedan ser obtenidas antes de 2030.
“Para crecer la capacidad satelital establecida como reserva del Estado (CSRE) se requiere de infraestructura espacial y de terminales terrestres listas y operativas en un periodo de cinco años, lo cual, considerando los procesos de licitaciones y asignaciones de recursos orbitales, se visualiza complicado”.